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viernes, 29 de julio de 2011

Arquitectura y Justicia

Grandes Constructores de América Latina y el Caribe


La arquitectura y la justicia son dos conceptos visibles que interactúan en las ciudades, en un ámbito político. Forman parte de la cultura de todos los tiempos.


La arquitectura, en su definición más universal en el tiempo, es el arte y la ciencia de diseñar edificios y planificar espacios urbanos, mientras que la Justicia, en su acepción más plena, es el respeto por los derechos de cada individuo y sus diferencias étnicas, culturales,religiosas, sexuales, económicas y políticas, entendiendo a la política como un conjunto de acciones que determinan el presente y el futuro de un lugar específico.El pleno derecho al estado de derecho.


Hoy en día, la arquitectura, el urbanismo, la ingeniería civil, son especialidades de la arquitectura en general. Estas actividades son realizadas por iniciativa de los gobiernos o por particulares, mientras que la justicia está regulada por los estados.


No existe justicia donde un inocente purga condena inmerecidamente. No existe justicia donde reina la impunidad y se puede comprar a la autoridad. No puede haber justicia cuando la pobreza sobresale y la marginación persiste, donde unos concentran riqueza y privilegio, y otros pobreza y carencias, porque la justicia tambien se plasma en lo social.


Ambas actividades, Justicia y Arquitectura se hermanan en el arte de la política y la belleza, en un arte público.


Desde el momento en que el hombre se asoció para su mutua protección y ayuda, desde la construcción de su primera casa y el inicio de la agricultura, fundó la justicia, en su afán por mantener la armonía en el grupo humano, aunque no todos coincidieron en la forma de relacionarse e interpretar el entorno. Unos se sintieron parte integral, y otros, dueños.


La primera manera de interpretar su relación con la naturaleza, le encontramos plasmada en las grandes metrópolis de Mesoamérica y en el área Andina, en la época prehispánica, dando como resultado una obra pública monumental abierta que no sólo fue el espacio común para ellos, sino también el de la naturaleza y sus dioses. La segunda, la localizamos en casi toda América Latina y el Caribe, teniendo como corolario una obra pública en su exterior y su fachada y una cerrada y solemne para un dios común.


Ambas formas de interpretar el mundo permitieron coincidir y sincronizar diversas actividades, deportivas, religiosas, económicas, políticas, comunicativas, y muchas más. Algunas son extintas, otras han perdurado hasta nuestros días, por ser concretadas con materiales que resistieron a los diferentes fenómenos naturales además de ser impuestas por los sectores dominantes.


La armonía en la ciudad, ha significado un equilibrio en las proporciones de sus distintas partes. Es un acuerdo provisorio entre diversos materiales, facciones sociales, y su perdurabilidad, la cual es permitida por el grado de adecuación de estas articulaciones. Ellas coordinan y no imponen, sin que por esto deba entenderse que son carentes de normas. En general, el resultado son ciudades bellas. La articulación de estos elementos, ha permitido la estabilización de lo público con lo privado, de lo íntimo con lo superficial, de lo permanente con lo efímero.


El Arte Público Arquitectónico, ha creado espacios comunes en las diversas ciudades y áreas democráticas con distintos grados de libertad, que han ayudado a redimir la represión de nuestro componente instintivo, ejercida por la civilización.


Las modalidades de uso han sido muy diversas, como por ejemplo, las vías entre edificios y solares, objetos de contemplación, áreas de descanso y oxigenación o lugares de encuentro y ocio para familiares, amigos o desconocidos y a menudo, de interacción de numerosos grupos.


El uso y la dimensión de los espacios públicos varía según el grado de inclusividad y exclusividad.

Son los lugares donde pueden interactuar seres humanos con similitudes económicas, generacionales, intelectuales, religiosas, étnicas, sexuales y de permanencia en forma individual o grupal, de tal manera que, un espacio público puede entenderse como un lugar accesible a todos y susceptible de diversos usos. Constituye uno de los ámbitos principales de socialización para propios y extraños.


Los grandes arquitectos o constructores de lo que es acutalmente América latina, y el Caribe, a lo largo de un periodo de tiempo, han dejado un testimonio del desarrollo de la arquitectura, artes monumentales, urbanismo y diseño paisajístico. Parte de éste, con una importante dimensión simbólica y de identidad.


Su obra está directa o tangiblemente asociada con eventos, tradiciones vivas, ideas, creencias y trabajos artísticos de destacada significación universal.


Podemos localizar vestigios del Arte Público precolombino, desde Mesoamérica hasta el área de los andes, en metrópolis edificadas por los grandes imperios prehispánicos en América: Mayas, Incas, Aztecas o Toltecas. Es en los territorios que ocupan actualmente México y Perú, donde se construyeron los mayores desarrollos culturales de América prehispánica, el más grandioso escenario en el que han aparecido múltiples culturas y lenguas.


En este territorio, encontramos lugares como Monte Albán, Teotihuacan, Chichén Itzá, El Tajín, Uxmal, Paquimé, Casas Grandes, Xochicalco, Calakmul, Machu Picchu, Caral-Supe, Chan Chan, Clavín, lugares precolombinos que siguen vivos hasta la actualidad como Xochimilco, en países como México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Colombia y Perú.


Las raíces profundas de América actual, están en el esplendoroso y mágico pasado de las culturas prehispánicas, a pesar de que la conquista llegó "chorreando lodo y sangre", a nuestro continente.


En la independencia de Latinoamérica y del Caribe, los héroes de las diversas naciones, expropiaron edificios y lugares arquitectónicos construidos por nuestras raíces indígenas y mestizas, durante la esclavitud.


El Arte Público colonial es parte de lo que recuperamos los ciudadanos latinoamericanos de siglos de explotación. El costo ha sido titánico como su dimensión estética. El más sobresaliente, lo encontramos en áreas verdes, plazas y jardines, portales, atrios y fachadas de templos, conventos y monasterios, paseos, calles, bibliotecas, edificios públicos, todo en ciudades que sobrevivieron a grandes vorágines, que arrasaron con la riqueza de sus recursos naturales siendo refugio o puerta de vías marítimas o terrestres.


Países como México, Argentina, Perú, Brasil, Colombia, Cuba, Bolivia, Chile, Haití, Panamá, Guatemala, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves y Surinam, han conservado la mayoria de su patrimonio cultural y arquitectónico de la Epoca Virreinal conjuntamente con el desarrollo industrial y urbano contemporáneo que ha florecido en su entorno.


En el siglo XX, tenemos ejemplos del Arte Público Monumental en ciudades, grandes avenidas, universidades populares, museos, bibliotecas, puertos y puentes.


Brasilia, es una de ellas por ser la única ciudad construida en el siglo pasado y declarada por la UNESCO, patimonio cultural de la humanidad en 1987, siendo diseñada en 1956 por el urbanista Lucio Costa y el Arquitecto Oscar Niemayer.


Universidades populares: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Ciudad Universitaria de Caracas, Venezuela. La primera planificada y proyectada por un conjunto de arquitectos, Enrique de Moral, Mario Panini Darqui, Domingo García Ramos, Mauricio Ma. Campos, quienes trabajaron conjuntamente con más de cien arquitectos e ingenieros mexicanos. Entre ellos Luis Barragán, Carlos Lozo Barreiro, Juan O´Gorman, Enrique Yáñez, Pedro Ramírez Vázquez, Enrique Guerrero Larrañaga, Guillermo Rosell, Tambien participaron muralistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. La segunda, un proyecto del Arquitecto Carlos Raúl Villanueva, construida entre 1940 y 1960, en los terrenos donados del Libertador Simón Bolívar.


Puerto Madero, y la Avenida Corrientes, modificados para ser lugres amigables para los transeúntes y la Biblioteca Nacional, todos ellos en la joya arquitectónica que es Buenos Aires, Argentina, ciudad donde sobresalen la intervención de los arquitectos César Pelli, Clorindo Testa, Alicia Cazzaniga y Francisco Bullrich.


Los grandes rezagos económicos y de planeación urbana que hemos vivido a finales del siglo XX, en toda Latinoamérica por las grandes crisis y la mala política, han generado concentraciones de miseria en conglomerados de casas o ciudades perdidas, tal como la Ciudad Netzahualcóyotl en México, las villas-miseria en Buenos Aires, Argentina, o la favelas,en Brasil.


Queremos ciudades bellas y ciudadanos que vivan en lugares dignos con áreas públicas donde puedan interactuar con libertad y seguridad.


La arquitectura y la justicia son dos conceptos visibles que interactúan en las ciudades, en un ámbito político.

Nuestro deber como gobernantes o ciudadanos latinoamericanos es crear y conservar el rostro de nuestras ciudades con urbanidad. El abandono y destrucción del patrimonio artístico e histórico, desdibuja nuestra identidad, que es la suma y síntesis de los valores comunes que nos unen y distinguen ante un mundo cada día más globalizado.


Guillermo Furlong Franco